Conversamos con el coach José Gómez, protagonista de un proceso que ha transformado al Colegio Javier en una de las instituciones más competitivas de Copa Talento Baloncesto. Su trabajo comenzó desde las categorías menores, consolidando un grupo que en 2024 levantó el título en la U16 y que este año se coronó campeón en la categoría U18, mostrando madurez, solidez táctica y una identidad colectiva bien definida.

El Colegio Javier dejó claro que el éxito es el resultado del trabajo en equipo. En esta entrevista, el coach Gómez repasa el proceso, sus principios de formación y cómo se construye un equipo ganador desde las bases.


Más allá de los triunfos y los títulos, ¿Qué significa para usted ser coach?

Para mí, ser coach es una forma de servir. Más allá de ganar partidos, se trata de formar seres humanos y ayudar a cada jugador a salir mejor de lo que llegó. Significa crear un ambiente donde los jóvenes especialmente aquellos en situaciones de riesgo social encuentren dirección, propósito y disciplina. Es ver el potencial en cada uno, incluso cuando ellos mismos aún no lo ven, y acompañarlos en su proceso de crecimiento dentro y fuera de la cancha. Ser coach es tener la oportunidad de impactar vidas a través del deporte, usando el baloncesto como una herramienta para enseñar valores, construir carácter y abrir caminos donde antes solo había obstáculos.

Luego de lograr el campeonato con la U16 en 2024 y este año consagrarse campeones de Copa Talento con la U18, ¿Cómo valora usted la evolución del equipo y el proceso que han vivido juntos? 

Ha sido un proceso hermoso, desafiante y profundamente formativo. Más allá de los títulos, valoro el crecimiento humano y deportivo que este grupo ha demostrado. Ver a chicos que iniciaron en U16 con inseguridades, errores básicos y poca experiencia, convertirse hoy en líderes maduros dentro y fuera de la cancha, es lo más gratificante como coach. El campeonato en U18 no es solo un trofeo, es la evidencia de un compromiso colectivo, de horas de entrenamiento, sacrificios, caídas y aprendizajes. Muchos de ellos, que el año anterior luchaban por ganarse un lugar en la rotación, hoy son titulares y piezas fundamentales del equipo. Han aprendido a leer los conceptos de juego, a tomar mejores decisiones y, sobre todo, a confiar en el uno al otro. Se conocen mejor, se entienden más en la cancha y eso ha elevado tanto la química como el nivel competitivo del grupo.

¿Qué aspectos de su trabajo como coach cree que han sido clave para lograr estos resultados consecutivos y marcar una diferencia en el desarrollo del equipo?

Creo que la clave ha estado en la constancia, la exigencia y el enfoque en los detalles. Desde el inicio, me propuse no solo formar buenos jugadores, sino construir una cultura: una identidad de equipo basada en el trabajo duro, la responsabilidad y el respeto por el juego. He sido intencional en enseñar desde la base, corrigiendo hábitos, formando fundamentos sólidos y creando estructuras claras de juego. Además, he tratado de mantener una comunicación cercana con los jugadores, para conocer sus realidades, motivaciones y desafíos personales.

También ha sido clave establecer un sistema donde todos entienden su rol y lo valoran, sabiendo que cada pieza es importante para el conjunto. La preparación táctica, el análisis de los rivales, el uso del video y la planificación de entrenamientos con objetivos específicos han sido parte esencial del día a día.

¿Cómo ha construido la filosofía de juego que define a su equipo, y qué herramientas utiliza para lograr que los jugadores la adopten con compromiso en cada entrenamiento y partido?

Mi filosofía de juego parte de una base clara: intensidad defensiva, inteligencia táctica y juego colectivo. Creo en un baloncesto moderno, dinámico, donde todos aportan, se mueven sin balón y entienden cuándo y cómo tomar decisiones. Pero más allá del sistema, mi enfoque está en construir hábitos: correr bien la cancha, comunicarse, rotar, ayudar, y jugar con intención cada posesión.

Para lograr que los jugadores adopten esta filosofía, trabajo con claridad y propósito. Las correcciones no son solo técnicas, también son mentales: quiero que entiendan el por qué de cada acción. Además, creo en crear una cultura de responsabilidad compartida, donde cada jugador entienda que su esfuerzo, su actitud y su disciplina son claves para el éxito del equipo. Cuando los chicos sienten que forman parte de algo más grande que ellos, el compromiso aparece de forma natural.

  ¿Cuál ha sido el momento más desafiante desde que está al frente del equipo y cómo lo superaron como grupo?

Sin duda, uno de los momentos más desafiantes fue al inicio de la temporada pasada, cuando enfrentamos al Colegio Balboa y sufrimos una derrota dura en la final. Éramos un equipo joven, apenas empezando a construir nuestra identidad y con muchos jugadores en su primer año real de competencia. Fue un golpe fuerte porque sentíamos que habíamos crecido mucho durante el torneo, pero no fue suficiente para coronarlo con el título.

Sin embargo, esa experiencia fue clave en nuestro proceso. En vez de rendirnos, nos unimos como grupo, aprendimos de nuestros errores y decidimos volver más fuertes. Con ese mismo equipo disputamos la categoría U16, donde logramos el campeonato, y este año, con más madurez y entendimiento entre ellos, el camino hacia el título en U18 fue mucho más natural. Ese primer tropiezo sembró la semilla de lo que somos hoy: un equipo con carácter, hambre de mejora y compromiso con el proceso. 

Muchos padres lo ven como una figura clave en la formación de sus hijos. ¿Cómo trabaja  la relación con las familias para que todos estén alineados en el crecimiento del jugador?

Siempre he creído que el desarrollo de un jugador es un trabajo en equipo entre el coach, el jugador y su familia. Por eso, busco mantener una comunicación abierta y constante con los padres. Me gusta que estén informados del proceso, de los avances, pero también de los desafíos que enfrenta su hijo. No se trata solo de hablar cuando hay problemas, sino de crear una relación de confianza y respeto mutuo desde el primer día.

También dejo claro que más allá del rendimiento deportivo, mi enfoque está en formar personas: responsables, disciplinadas y con valores. Cuando los padres entienden eso, el compromiso se vuelve compartido. Me esfuerzo por que todos estemos en la misma página, con expectativas claras y objetivos comunes. Y sobre todo, les recuerdo que cada niño tiene su proceso y que lo más importante no es cuántos puntos anota, sino en quién se está convirtiendo como ser humano.

¿Qué legado espera dejar cuando sus jugadores miren hacia atrás y recuerden su paso por el equipo?

Espero que recuerden mucho más que victorias o trofeos. Quiero que mi legado sea haberles ayudado a crecer como personas íntegros, responsables y con valores sólidos. Que sientan que en el equipo encontraron un espacio seguro para aprender, equivocarse y mejorar, no solo en el deporte, sino en la vida. Que al mirar atrás reconozcan que los impulsé a dar lo mejor de sí, a ser disciplinados, a trabajar en equipo y a respetar tanto a sus compañeros como a sus rivales.

Sobre todo, quiero que recuerden que siempre tuve fe en ellos, incluso cuando ellos dudaban de sí mismos, y que los acompañé en cada paso del camino con paciencia y exigencia. Ese es el verdadero impacto que quiero dejar: un grupo de jóvenes que, gracias a este proceso, están mejor preparados para enfrentar cualquier desafío dentro y fuera de la cancha.

 ¿Qué puede esperar la comunidad del Colegio Javier en esta nueva edición de Copa Talento Baloncesto y qué lo motiva a seguir empujando los límites del equipo año tras año?

La comunidad del Colegio Javier puede esperar un equipo comprometido, disciplinado y con hambre de seguir creciendo. Esta temporada participaremos en competencias importantes donde buscaremos no solo competir al más alto nivel, sino representar con orgullo los valores y la identidad del colegio. Más allá de los resultados, queremos que cada jugador siga desarrollándose como atleta y persona, manteniendo siempre la excelencia y el respeto.

Lo que me motiva a seguir empujando los límites año tras año es ver cómo estos jóvenes se transforman, superan retos y descubren de lo que son capaces cuando se comprometen de verdad. Saber que, como coach, puedo ser parte de ese proceso, guiarlos y apoyarlos me impulsa a dar lo mejor siempre. No se trata solo de ganar, sino de construir un legado de trabajo duro, carácter y unidad que inspire a futuras generaciones.


 El Colegio Javier en Copa Talento Baloncesto no solo se mide en trofeos, sino en el crecimiento sostenido de un grupo que ha sabido responder al reto competitivo con carácter y constancia. Bajo la dirección técnica de José Gómez, el equipo ha evolucionado con una idea clara de juego, y un enfoque en el desarrollo integral de sus jugadores.

Copa Talento Baloncesto abre de nuevo sus puertas, y con ellas, la oportunidad de ver cómo el trabajo y el compromiso vuelve a marcar la diferencia.

By Carlos Altamiranda

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